Lo más duro de dejar un trabajo, por mucho que te guste lo que haces, es dejar a tus compañeros. Y esto es así ya sea porque tú decices irte o porque te han echado, como me ha pasado a mí.

Era mi trabajo número 10 y creía que iba a ser el definitivo. Pero no va a ser así y lejos de deprimirme, me planteo que las cosas pasan por algo y que a lo mejor aún me quedan muchos sitios por los que pasar.

No me han cerrado una puerta, en realidad me han abierto infinitas.