Con las campanadas de nochevieja expirará algo más que un año. Cuando consiga tragarme la última uva, y tenga que felicitar a todos mis seres queridos, yo me habré quedado sin trabajo: Otro contrato que se acaba.
Empezaré el nuevo año como siempre, apuntándome al paro por enésima vez. Aguantando que ni me mire la persona que mete mis datos en el ordenador. Sabiendo que jamás me llamarán para ofrecerme un puesto de trabajo.
Pero esta vez no quiero quejarme de lo mal que está el encontrar un trabajo de biólogo. Hoy quiero compartir con vosotros/as una revelación: Durante los cuatro años que hace que terminé la carrera, sólo he tenido en mi cabeza la meta de encontrar trabajo y mi cabezonería me ha hecho no plantearme lo que iba consiguiendo por el camino. Ya no sólo hablo de la experiencia que da haber tenido ocho o nueve trabajos, sino del gran apoyo que me acompañaba.
Para mí el próximo año está vacío antes de empezarlo. Voy a hacer un máster y sé que voy a conseguir un nuevo trabajo. Pero voy a estar sola. Ya no tendré a mi lado a quien más me ha ayudado a superar este drama del empleo en España. Y esto es lo que me duele más.