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La Coctelera

Categoría: Personal

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Decisiones difíciles

Después de haber pasado por once trabajos empiezo a pensar que tal vez no son las empresas las que no se comprometen conmigo sino que yo me canso antes de ellas. También es verdad que en todas he tenido contratos temporales. Pero ahora, en mi undécimo trabajo me ofrecen un contrato indefinido y no lo quiero.

No me ha gustado esta inclusión en el mundo del control de plagas (aunque he aprendido muchas cosas) y ya estoy pensando en migrar como las aves hacia un destino más cálido. Pero, ¿qué destino?

Como suele ocurrir cuando te pones a mandar tu curriculum en cantidades industriales, pasado un tiempo se abre la veda y de repente todos quieren que trabajes para ellos. Es entonces cuando toca decidir cuál es la mejor oferta y ahí es donde yo me atasco. Estoy pendiente de dos ofertas muy buenas pero algo improbables y tengo otra más regular pero casi segura. Qué hago.

Ya he estado otras veces en encrucijadas parecidas y nunca me he arrepentido de la opción escogida. Pero actualmente mi experiencia pesa más y me pide que vaya creciendo profesionalmente, mientras que mi cabeza me pide tranquilidad y optar por una mayor calidad de vida.

Difícil decisión.

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Los lunes al sol

Siempre he vivido con angustia mis periodos de desempleda. Eso de estar en el paro no me sienta bien emocionalmente. Pero esta vez no quiero amargarme por estar parada: Quiero explotar las ventajas que tiene esta situación.

Un parado puede permitirse el lujo de culturizarse gratuitamente visitando museos. Sólo necesito mi justificante de demandante de empleo y el estado me abre las puertas del arte y del saber. Esto es un chollo. Además, puedo recibir cursos de formación gratis, con lo cual yo sigo aprendiendo aquellas cosas que me faltan y que me están pidendo en todas las ofertas de empleo que yo busco, claro, porque el INEM no está por la labor de ayudarme.

En fin que gracias a que me echaron de mi empresa tengo el privilegio de pasear por la mañana por los parques como los jubilados, de poder quedarme a ver el final de todas las películas y series de la tele y de aumentar mis conociemientos para conseguir un trabajo mil veces mejor que el que tenía.

Me alegro de haber comprendido que no sólo el trabajo dignifica: Yo estoy en el paro, pero soy feliz.

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No hay mal que por bien no venga

Lo más duro de dejar un trabajo, por mucho que te guste lo que haces, es dejar a tus compañeros. Y esto es así ya sea porque tú decices irte o porque te han echado, como me ha pasado a mí.

Era mi trabajo número 10 y creía que iba a ser el definitivo. Pero no va a ser así y lejos de deprimirme, me planteo que las cosas pasan por algo y que a lo mejor aún me quedan muchos sitios por los que pasar.

No me han cerrado una puerta, en realidad me han abierto infinitas.

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El trabajo no es lo más importante

Con las campanadas de nochevieja expirará algo más que un año. Cuando consiga tragarme la última uva, y tenga que felicitar a todos mis seres queridos, yo me habré quedado sin trabajo: Otro contrato que se acaba.
Empezaré el nuevo año como siempre, apuntándome al paro por enésima vez. Aguantando que ni me mire la persona que mete mis datos en el ordenador. Sabiendo que jamás me llamarán para ofrecerme un puesto de trabajo.
Pero esta vez no quiero quejarme de lo mal que está el encontrar un trabajo de biólogo. Hoy quiero compartir con vosotros/as una revelación: Durante los cuatro años que hace que terminé la carrera, sólo he tenido en mi cabeza la meta de encontrar trabajo y mi cabezonería me ha hecho no plantearme lo que iba consiguiendo por el camino. Ya no sólo hablo de la experiencia que da haber tenido ocho o nueve trabajos, sino del gran apoyo que me acompañaba.
Para mí el próximo año está vacío antes de empezarlo. Voy a hacer un máster y sé que voy a conseguir un nuevo trabajo. Pero voy a estar sola. Ya no tendré a mi lado a quien más me ha ayudado a superar este drama del empleo en España. Y esto es lo que me duele más.